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Full text of "Caras y caretas n31 15 2 1891"

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MONSEÑOR MARTIN PEREZ 


MQHTÍYIDEÜrDE PARTAN ENTQ3 Ips fej j 
Un mes $ \,o* 

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exterior 

¿os mismos prec/o s t en moneda equino 


¡ente,con e¡aumento de/Franqueo. 
líú mero comen \t 3 0 cen íesi mot -i- H ú mero a fr¿ s a da 60 ocutísi mas 

DEVENIA EN LAS PRINCIPALES LIBRERIAS 
405 &QMPGQS * 

OFICINA: Galle Andes 275ialtosí 
MONTEVIDEO 
- '-v-'v. lís^ré^rsi-WíTl 


Hay que decir en su honor 
que el liberal mas arisco 
para los curas, lector, 
se inclina ante el fundador 
del templo de San Francisco. 


IMP. L1T. LA RAZON, CALLE CERRO N.° 93 A 97 


© Biblioteca Nacional de España 





























246 


CARAS Y CARETAS 


«HIMARIO 


Texto— por Eustaquio PeU1 cer—^Polémica^ 
por Uno—«Un apellido fatal*, por k, «Seguí- 
diHaa», por A. Varal—«Era Hato*, por M. de Moya 
—«Loa dos amigos*, por R* Torromé—«Lo que 
me gusta mas», por Asonipe-*Para ellas*, por 
Madama Polísaun—«Curioseando*, por Motta— 
Menudeadas — Correspondencia particular—Aví¬ 
eos. 

Orad a dos- Worr señor Martín Peres—Club Tarasconen- 
se (gran baile de trajes)—¡Qué verano!—Y varios, 
intercalados en el texto y aviaos, por Schütz* 





Terminado el carnaval, especie de 
dono mundano, donde el pecador so 
revuelca como chancho (¿qué tal la 
frasee! lia?) hemos entrado en el pe¬ 
ríodo del arrepentimiento y de la re¬ 
flexión. y es forzoso que releguemos al ol¬ 
vido todo Jo que puede saturar de impurezas 
nuestra alma, para pensar que tenemos un 
Dios que juzga nuestras acciones y un Gobier¬ 
no que Jas tiene por el suelo en la cotización 
de Ja Bolsa, 

La Cuaresma con sus preparados de bacalao 
y garbanzos en potaje nos purificará de toda 
culpa, pues sabido es'que la vigilia es para el 
alma lo que el aceite do castor para el cuerpo; 
purga completamente do cualquier inmundicia 
peca mi nosa. 

Los que mas dosis de purgante espiritual 
necesitan son esos jóvenes que se han lanzado 
al camino de la perdición por medio del baile 
con disfraz. 

Hortera ha habido que bajo la humilde apa¬ 
riencia de espantajo, no hizo otra cosa que fle¬ 
char corazones en cuanta reunión familiar, con 
aditamento de danza, pudo meter la cabeza (y 
io^ piés, por supuesto) durante el Carnaval, 

Lo que pasa es que las conquistas que se ha¬ 
cen con careta se malogran en cuanto esta de¬ 
saparece, porque es casi ley inmutable que 
debajo do un buen disfraz se oculta siempre 
un bagre de mayor cuantía. 

¡Cuántas inocentes jóvenes habrán creido 
estar en brazos do un Adóuis mistificado por 
im dominó de seda con borlas do ore, ignorando 
que bajo aquel exterior deslumbrante se ocul¬ 
taba un feo de nacimiento, con las manos cur¬ 
tidas do fregar loza ó de apisonar adoquines! 

¡Y cuántos donceles incautos á la par que li¬ 
bertinos, habrán creido estrechar el talle de 
una beldad incógnita, a] hacerlo con el de una 
matrona respetable por sus años y abominable 
por las imperfecciones de su físico! 

Sabemos de un mozo imberbe, aunque no 
implume, porque trabaja de escribiente en una 
oficina pública, que ha estado á los bordes del 
suicidio con ensañamiento á causa de una ter¬ 
rible equivocación que sufrió por fiarse de las 
apariencias. 

Llevado do sus impulsos amorosos dió en un 
1 afile de trajes con la mascarita que mas atrac¬ 
tivos ofrecía á su eorázon impresionable, Era 
una aldeana francesa con mezcla de chula suiza 
y aunque una tupida camiseta y un antifaz de 
espeso alambre, impedían apreciarla morbidez 


de sus carnes, dejaba adivinar un cuerpo flexi¬ 
ble el poco espacio que ahorcaba el corpino y 
el timbre de su voz una garganta de auge] y 
un candor de doncella pudibunda. 

Desde los primeros compases de la danza le 
empezó á latir el corazón como queriendo salirse- 
lodel pecho y caer en pedazos sobre la alfombra. 
No tuvo más remedio que declararse aldeam 
en cuerpo y alma, abdicando de la gerarquía 
de mosquetero que había adquirido con el disfraz. 

—Estoy dispuesto por ti, aldeana mía, á for¬ 
mal 1 parte del ganado que apacentes—la decía 
en el paroxismo de su entusiasmo. 

—Gracias, se limitó á decir la mascarita. 
—Esas son las que tú debes atesorar hasta en 
las uñas délos piés, encanto de mi alma. 

—Muchas gracias. 

—Mira, no consiento que me agradezcas lo 
que no supone ni n g una ga la n ter i a de mi 
parte. Todo eso y mucho más que te diga, son 
justicias que hago k tus méritos. 

—Gra... 

—¿Seré tan feliz, aldeanita, que pueda ver 
correspondido este amor que me devora por 
dentro? 

—Yo bien quisiera, pero.,, 

—Pero qué, ¿acaso otro hombre dificulta tu 
decisión para hacerme dichoso? fe?i tal supiera, 
seria capaz do comérmele con ropa y todo. No 
sabes lo que soy cuando se me hincha la vena 
de 1 a desesperac ion. 

—No es eso.*,, es que,... 

—Explícate, por Dios ¡me consume la impa¬ 
ciencia por saber lo que so opone á mi felici- 
lkiad! 

—Mira, lian anunciado el intermedio de des¬ 
canso y todas las parejas se dirigen al come¬ 
dor. Vamos allí y después te explicaré...- 
—Me lo explicarás, pero prometiéndome que 
nada servirá de inconveniente i\ tus propósitos, 
si como creo, son los de retribuir mi cariño con 
otro igual. 

—Vamos al comedor. 

Quien observó á la amartelada pareja asegu¬ 
rar que ella dejó limpia una bandeja de 
sandwichs y otra de pastas finas, moti vo por el 
cual se quedaron la mitad de los invitados sin 
probar más que el agua del algibe y algún re¬ 
siduo de cerveza escanciada para otros consu¬ 
midores. 

Nuestra tenorio, sin embargo, ciego de amor, 
no apreció este detalle más que como una exi¬ 
gencia corporal, independiente de toda la gran¬ 
deza que debían encerrar el aliña y el rostro de 
aquella aldeana tentadora. Siguió expresándo- 
] & con a rdo r s u s n i ás d el i caíI os se n t i m i en tos, 
mientras ella engullía, sin trégua para balbu¬ 
cear una sola frase. 

De nuevo en la sala, llegó el momento de que 
la aldeana se explicase como habia prometido 
hacerlo antes del descanso, 

—Para hablar con mas tranquilidad, deja- 
romes en blanco esta mazurca. — díjola el 
mosquetero , mientras la conducía del brazo á 
uno de ios balcones. 

—La luna váá ser testigo, prenda adorada, 
de todo lo que aquí nos vamos á prometer. 
Vamos, empieza. Di me qué pero es aquel que 
me ponías al pedirte retribución para mi ca¬ 
riño. 

—Pues mire Y.,francamente,el pm'O es.,., que 
no puede ser. 

—¡Como! ¡acaso eres mujer de estado? 

—No. 

—Puos entonces^ .. 

— Soy algo mas que eso. 

—¿Mas que eso? Máscara, me confundes co¬ 
mo para hacerme perder la razón. Explícate 
claro por lo que mas quieras. 

—Lo haré, pero es preciso que salgamos de 
esta casa. 

—¿Te dejas acompañar por mí hasta la tuya? 
—No tengo inconveniente. 

—Pues en marcha ¡vaya al demonio el baile 
por la ventura de estar á tu Jado y de descifrar 
ese enigma que te envuelve, 

—Ya estamos en Ja calle. ¿Qué dirección 
quieres que tomemos, paloma mia? 

—La de Ja Comisarla de esta sección, pero no 
me llame V. paloma porque no tenfro nada de 
eso. Ahora estamos solos y os preciso que sepa 
usted quien soy. Ante todo suélteme usted el 
brazo porque yo no necesito de estas comodi¬ 
dades para andar* 

—Esa voz,.. 

—Sí, es Ja propia; de hombre; de lo que soy. 
—¡¡¡Cómo! 1 .! ¡Tal burla!.... 

—No ha sido burla, señor, escúcheme usted; 
Yo soy guardia-civil y como Y. Jiabrá oido, 
estamos todos faltos de buena alimentación 
desde hace una porción de meses. Hoy no me 
habia desayunado y no sabiendo qué hacer 


para no meterme en la cama con el estómago 
vado, pedí á una vecina este traje para venir 
al bailo. El criado de la casa con quien es¬ 
taba de acuerdo me ha facilitado Ja entrada y 
Jo demás ya Jo sabe. He tenido que bailar con 
usted, pero he logrado reponer mis fuerzas en 
el comedor y asegurarlas por un par de di as, 
por lo menos. 

Dicho lo cual se ai-raneó el antifaz dejando 
ver una cara enjuta, cubierta casi en toda su 
extensión por una barba espesa y cerdosa co¬ 
mo un cepillo de lustrar botines. 

Su galanteador cayó desplomado sobre el pa¬ 
vimento. 


Ninguna novedad digna de mención ha ofre¬ 
cido el Carnaval de este año, á semejanza del 
político, que ni aun la de nombrar Ministerio 
nos ha presentado. 

El aburrimiento se ba visto reflejar en to¬ 
dos los semblantes, ni mas ni menos que 
si Alomo hubiera sido el ministro actúa] de 
Hacienda, único que creíamos capaz de abur¬ 
rir á la gente. 

De bromas ingeniosas tampoco se habla co¬ 
mo otros años. 

Solo se tiene conocimiento de un par de ellas 
dadas por la policía, machete en mano, al 
publico, y de la que dió el Presidente al de¬ 
cir que asistiría á la apertura de Jas nuevas 
Cámaras con secretarios nuevos ó cuando me¬ 
nos en buen uso. 

Los juegos con agua, un poco atrevidos. El 
pomo lo sustituyeron muchas personas por el 
balde, creyéndose bomberos y tomando al tran¬ 
seúnte pacífico por una barraca incendiada. 

Nada de alegorías políticas ni de otro orden. 
Solo la Municipalidad presentó una, pero fue¬ 
ra de tiempo, por que lo hizo el miércoles de ce¬ 
niza. Quitó los arcos de gas quo se habían 
puesto como alumbrado estraordinavio. 

Esto es una alegoría de la miseria quo no se 
habia visto otros años. 

Las fiestas en los centres sociales, animadí¬ 
simas, 

La celebrada en el Club Uruguay, sobre to¬ 
do, se recordará entre Jas mejores que registra 
ese centro. 

Solo tuyo una nota que discordó de las ale¬ 
gres. 

La de un incidente personal que se produjo 
entre dos sóctos, y qne parece dió motivo á una 
proposición de duelo 

Estamos á oscuras del desenlace que ha teni¬ 
do el asunto, lo cual no tiene nada de particu¬ 
lar, pues se trata de una cuestión surgida en 
plena oscuridad. Parece que un miembro déla 
Comisión Directiva, inspirándose en Jas mismas 
economías que Ja Municipalidad, cerró ó man¬ 
dó cerrar el contador del gas, cuando aún que¬ 
daban dentro del edificio muchas personas po¬ 
co alie i o n ad as á cam i n a r con 1 aza ii fio. 

Corramos un velo sobre todo lo mundano y 
continuemos en la tarea de lavar y planchar 
nuestra alma de las manchas del pecado, con 
la meditación y la vigilia. 

En cuanto á ésta, puede confiar la Iglesia 
que rerá rigurosamente observada por todos los 
pecadores del Uruguay, por muy empedernidos 
quesean, principalmente los que viven del 
presupuesto. 

¿Quién es capaz de promiscuar en los tiem¬ 
pos que corren? 

¡Oradas que podamos comer artículos de 
huerta, cuanto más carne y pescado en una 
misma comida! 

Eustaquio Fklljcer 

_ 

Polémica 


-'/1 


Vivieron en ios fiempos meé iov fies 
dos sabios eminentes, 
que con una polémica excitaron 

la atención de las gentes. 

Al lanzar su opinión dieron mit pruebas 
de erudición vastísima 
y la tesis propuesta se hizo célebre 
por to onginalísima. 

Voy el caso á exponer en breves frases. 

La cuestión era esta: 

«¿Que dicen, al cantarlas codornices?» 


© Biblioteca Nacional de España 






CARAS Y CARETAS 


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Oigamos la respuesta: 
a finen-pan-hay! ¡Buen-pan-hay !— uno decía 
que en los tribus gritaban, 

—¡fines pe-dé! ¡Hacs pe-dé !—decía el otro 
que era lo que cantaban. 

¿Llegaron á entenderse? [Ni por píen sol 
Revolvieron infolios 
y aduciendo el pensar de los iitruscos 
y romanos y Eolios 
con terquedad gascona los dos sabios 
siguieron en sus trece. 

¡La verdad será una é inmutable,,,, 
pero no lo parece! 

— fBueii-pan~kay! ¡Baen-pan-hay! ¡ Está bien claro 
uno de ellos decía, 

— ¡Hués-pe-déí ¡Haés-pe-dé! ¡No hay mas que oirlo! — 
el oiro respondía; 

V de este modo entrambos sostuvieron 
continuas discusiones, 
hasta que al fin, según las malas lenguas* 
se llamaron ¡melones! 

Murieron de dolor los infelices* 
y hoy es cosa probada 
que, al cantar, las sencillas codornices...* 

¡no dicen absolutamente nada! 





Carísimo lector: ¿Has conocido mayor desgracia 
que llevar el apellidó de una celebridad? 

SÍ el apellido se conoce por algo malo..,, del ¡nal el 
menos. Pero si es distinguido por algo bueno, enton¬ 
ces la desdicha es mucho mayor. 

En cuanto un conocido te llama en alta voz, diez ó 
doce personas se vuelven á inspeccionar tu aspecto; 
unos con envidia* otros con admiración. Cuchichean, 
preguntan.... hasta que enterados de que no eres 
quien pensaban, se sonríen con lástima ó desprecio; 
todo lo cual da por resultado que el infeliz, blanco de 
tantas observaciones se queda mas corrido que una 

T \r a sueríe ^. ene en esos casos caprichos crueles, 
te llamas, por ejemplo, Carpincho, lisa y llanamente. 

. un apellido modesto, oscuro, sin pretensiones; 
vives feliZj, ignorado en este mundo,..* y en el viejo; 
pero de pronto hay una quiebra de esas que ocupan La 
atención por espacio de un mes* ó un crimen, ó se 
es £ a P a a mu Í er de una persona muy estimada con un 
ca atiérete muy conocido, Ea noticia corre, los diarios 
publican el nombre del criminal, dei predestinado ó 
üel amante,.., y ese buen señor se llama Carpincho. 

lu, que vivías tranquilo sin que nadie se ocupase 
tle tu mdefenstvo individuo, ya no tienes paz ni tran¬ 
quilidad; no puedes dar tu nombre sin que te miren 
de cierta manera ó te sometan ¿ un interrogatorio 
por este estilo: 

—¡Cómo! ¿Es V. el famoso Carpincho? 

—No señor. 


—¿Su hermano? 

—Tampoco. 

—¡Ah! vamos*.** ¿su tio? 

—No somos parientes, 

—¿No? 

— Ni siquiera le conozco. 

Durante este diálogo, la expresión del rostro de tu 
interlocutor, ha ido pasando por grados desde la mas 
glacial á la mas afectuosa* 

Le has reivindicado ante aquel individuo*.., pero 
hasta que aparezcas como quien eres ante todos los 
que componen la sociedad en que vives* ¡cuántas de¬ 
sazones, cuantas inquietudes tienes que pasar! 

- ÍJ c uandq el apellido es notable en las cien¬ 
cias, en las artes o en la política? Entonces si que no 
hay paciencia que baste a aguantar los auhí pro ano 
que origina el que un conocido te llame, ó quedes 
tu nombre en alguna parte, 

— ¡Oh! es el eminente X,**, á quien tengo el ho¬ 
nor de**.» 


—No señor. 

—No es menor el gusto.*,* será V* pariente cer¬ 
cano. 


—No nos liga parentesco alguno* 

“i Ah! 

Este jah! con extráñela es un poema* El cambio de 
fisonomía en este caso es inverso ai anterior. Ahora 
se pasa de la sonrisa mas afectuosa á la actitud mas 
indiferente, mas despreciativa, por lo general, El 
haberse puesto en ridículo (según piensa las mas de 
las veces el que te ha tomado por otro) no te lo per¬ 
dona nunca, ¡cuando quien realmente ha estado en 
ridiculo has sido tú! 

Vo conocí á un italiano, víctima del apellido* hasta 


su muerte. Tuvo la desgracia de llamarse Paganini, y 
ser contemporáneo del célebre violinista. 

Empezaba- á difundirse la fama del artista sin rival, 
cuando nuestro Paganini número 2 , concluidos sus 
estudios de abogado, y queriendo hacer relaciones 
que le pudieran servir en su carrera, entraba en el 
gran mundo* ¡No sabía lo que te espera bal 

Nadie quería convencerse de que la persona que le 
presentaban no era el célebre músico, Todos le pre¬ 
guntaban cuando llegaba á una casa: 

—¿Trae V. ol violin? 

Aquello era insufrible. Aburrido de tantas equivo- 
caciomes, dio en la idea de expatriarse y gastar en 
viajes su modesta fortuna* 

Pero en lugar de conseguir su objeto con esta de¬ 
terminación, aumentaron sus desdichas. 

Llegó á París cuando, corriendo ya toda Europa 
la fama del violinista, era este esperado de un mo¬ 
mento á otro. 

No daba su nombre en ninguna parte, sin tener 
que aguantar una lluvia de abrazos, apretones de ma¬ 
nos y felicitaciones* Este le invitaba á una soirée, el 
otro á un concierto, aquel á un almuerzo; pero todos 
le suplicaban que llevase el violin. 

Nuestro héroe, desesperado porque en todas las 
grandes capitales le suceuia lo mismo, decidió no vi¬ 
sitarlas y establecerse en una población da poca im¬ 
portancia* 

Escogió una de Suiza, pero ¡que si quieres! no bien 
llegó al Hotel, según costumbre, le hicieron apuntar 
su nombre en el registro del mismo. A las dos horas, 
el único diario que se publicaba en el pueblo puso á 
la venta un boletín en donde, bajo un epígrafe en que 
se leía en caracteres gigantescos, 

¡PAGANINI HA LLEfiADOl 

se proponía la Organización de una serenata y un con¬ 
cierto en honor suyo* 

Cuando mas tranquilamente dormía el infeliz h mó- 
nimo y descansando de las fatigas del viaje, fué des¬ 
pertado por el dueño de! hotel que le anunciaba que 
la población en masa estaba á la puerta de la casa y 
pedia que se asomase al balcón* 

En vano fue que diera explicaciones y jurase y per¬ 
jurase que en su vida había tocado el violin, sino el 
viobn algunas veces* 

Que quieras que no, el hotelero lo presentó á la 
multitud que le victoreaba y que tomó las protestas 
del infeliz, que no quería pasar por lo que no era. por 
exceso de modestia, 3o cual hizo redoblar las aclama¬ 
ciones. 

Tuvo que huir á media noche, ocultándose como 
un criminal* En lodos los pueblos á donde llegaba, le 
sucedía lo mismo. ¡Aquello no era vivir! 

Por íin, creyó que podría recuperar la tranquilidad, 
gracias á una estratagema; se cambió el apellido. 
Adoptó el de Asperoní, después de asegurarse bien 
de que no había en toda Europa nadie que se hubiese 
hecho notable llamándose así. 

Gracias á este medio pudo volver á su pais y esta¬ 
blecerse en Vícenza, donde vivió en paz dos ó tres 
meses* Pero la felicidad dura poco en este mundo* 
Cuando mas ignorado se creia, una mañana se pre¬ 
sentó en su casa un caballero preguntando por el 
señor Paganini. 

Tentaciones sintió nuestro héroe de agarrarle por 
la cintura y tirarle por el bnkon. 

—Aquí no vive ningún Paganini —contestó, repo¬ 
niéndose al fin. 

— Perdone usted—repuso el otro;—Paganini es 
usted, le vengo siguiendo hace seis meses; y como me 
precisa terminar un asunto que le interesa á usted 
mucho, le suplico que abandone para conmigo el in¬ 
cógnito. 

—qün asunto que me interesa? 

—Y mucho. 

—¿Qué es ello? 

—Entregarle una cantidad procedente do un le¬ 
gado* 

—¡Bahl No será muy grande* 

—Doscientas mi! liras. 

El falso Asperoni cambió de color. 

—Y*.*, ¿es indispensable—preguntó—que recobre 
el apellido Paganini para entrar en posesión deesa 
cantidad? 

—Indispensable de todo punto* 

Nuestro hombre reflexionó un momento, y después, 
haciendo un gesto como si se hubiese tragado nna 
cuarta de vinagre: 

—Es inútil—di jo—-yo no me llamo asi 
—En ese caso me retiro. Pero le advierto que para 
obligarle á confesar la verdad, voy á decir su nombre 
á todos los que le conozcan. 

—¡Caballero! ¡Salga usted de aquí en el acto, por¬ 
que no respondo de mí!—gritó ya exasperado. 

—Me voy, pero es á advertir que usted se oculta 
bajo un nombre supuesto^ sabe Dios por que razones, 
¡Ahur! 

Y salió á tiempo, pues la víctima de su apellido 
había cogido una silla para tirársela á la cabeza. 

Aquella noche. Paganini recibió diez cartas, invi¬ 
tándole para otras tantas reuniones. 


Su desesperación llegó al colmo. No pudo dormir. 
Al amanecer se fue al campo. 

Volvía ya mas tranquilo nacía su casa, cuando oyó 
que le gritaban desde la vereda de enfrénte: 

—¿Qué tal, insigne Paganini? 

A3 volver la cabeza vio al caballero que la víspera 
había estado á buscarle. No pudiendo contener su 
indignación, se arrojó sobre él y empezó á cachetes, 
puntapiés y mordiscos. 

Se agolpó la gente, acudió la policía, y atadito co¬ 
do con codo me lo llevaron á la cárcel, 

Al dia siguiente, en el colmo de la desesperación, 
decidió poner fui á sus días, á ñu do conseguir la 
tranquilidad de alguna manera. 

A fuerza de dinero, y bajo pretexto de que tenia 
frío, consiguió que Jo proporcionara el carcelero un 
brasero, carbón, fósforos y un periódico. 

Cuando se vio dueño de estos objetos, tapó her¬ 
méticamente todas las rendijas y se dispuso a encen¬ 
der el carbón* 

En un pedazo del periódico, que quedó sin que¬ 
marse, pudo leer antes de morir La noticia siguiente: 

«Ayer fue conducido á la cárcel un sujeto que 
pretendía hacerse pasar por el célebre violinista Pa¬ 
ganini. 

«Parece que sorprendiendo 3a buena fó de algunas 
personas, había conseguido que le invitaran á varías 
reuniones, pero al verse descubierto por quien cono¬ 
cía su verdadero nombre, quiso vengarse, infiriendo á 
esta persona algunas heridas que afortunadamente no 
son de gravedad. 

«¡A cuantas desgracias conduce á veces la ambición 
de la celebridad!* 



Una noche de Otoño 
Por la mañana, 

Fuí á comprar un anillo 
Para mi hermana, 

Y á don Severo 
Le brotaron dos granos 
En el sombrero. 

Yo conozco á una niña 
Tan delicada, 

Que se come las medias 
De su cunada, 

Y Paco Trines 
Tiene gasiro-enieritis 
En los botines. 

Cuando acaban los dias 
Del mes de Enero, 

Todos dicen que empiezan 
Los de Febrero, 

Porque á una hormiga, 

Le sacaron dos vacas 
De la barriga. 

Por comer un sargento 
Catorce balas, 

Está enferma mi suegra 
De llagas malas, 

¡Yo no sabía. 

Que la hermana de tata 
Fuera mi tial 

En el pueblo de Artigas 
Hay muchas viejas, 

Que se ponen zapatos 
En las orejas* 

Y sin embargo, 

El sombrero de Peña 
Me queda largo* 

Era tan olvidada 
Julia Tapones. 

Que salía á pasco 
Sin pantalones, 

Y es cosa cierta, 

Que, en la tierra de ciegos 
La reina es tuerta* 

Alfredo Varzi 


Era listo 


En cuestión, fue interrogado 
por varios un estudiante, 
si él recogería un guante 
que le hubiesen arrojado. 




© Biblioteca Nacional de España 




1 /ÍT\Vo_^UiN üiNSü 

GRAN BAILDE TRAJES 




zík'ím 




£¿ ' ' 


© Biblioteca Nacional de España 



















































Del astro rey la magentad grandiosa 
mi admiración y arrobamiento excita, 
at ver como su magna faz radiosa, 
del zenit al nadir se precipita. 

El valle ameno, la floresta umbría; 
de la pálida luna los reflejos, 
y de la selva virgen, la poesía, 
y el bramar del Atlántico á ¡o lejos. 

Todo mí mentey corazón levanta 
hacia la azul y portentosa esfera, 
y entusiasta el laúd, mil himnos cnnta, 
al Supremo Hacedor que en ella impera. 

Mas de tanto prodigio y obra rara 
que á la Natura á bendecir me obliga, 
lo que me gusta mas, amiga Clara; 
es que nunca me duela la barriga. 

Asontpe 


De allí á pocos momentos conversaba D, Fernando 
con Sebastian, hombre muy hablador y con quien no 
tuvo gran amistad. 

—'Usted, ¡usted viene á verme! ¡Pero si á usted no 
le be escrito diciéndole que estaba en la cárcel! 

—Sí... pero.,. 

—Ya, ya caigo. ¿Usted lo ha sabido por referencia 
de alguna carta mía dirigida á otra persona? 

—'Es claro... 

Ya dije que no eran muy amigos. Fernando le co¬ 
noció una tarde en un café, y continuaron tratándose 
con alguna frialdad. 

Sebastian le hábil prestado algún dinero, y por es¬ 
ta razón don Fernando excusaba todas las ocasiones 
de encontrarse con su acreedor, 

—¡Ahí decía don Fernando; usted es mí amigo, ya 
me había dado algunas pruebas, pero esta es conclu¬ 
yente. ¡Y yo que no me había acordado de usted, cre¬ 
yendo que me guardaba rencor por lo de la deuda!.,. 
—¡Bah! 

—Vamos, vamos, añadió D. Fernando; ni yo estoy 
preso, ni la justicia tiene nada que ver conmigo. Va¬ 
mos á Las Pirámides y de sobre mesa le explicaré á 
usted este enigma,.».» qué diablo, hablémonos de tú; 
eso tu por ízí. Seremos amibos, amigos inseparables, 
porque tú ere3 el único hombre que se interesa por 


Con aplomo y desenfado 
contestó: 

— Por vida mía 
que en mí necedad seria 
solo un guante retejer; 
si fuesen dos, puede ser, 
porque yo los usaría. 


Hablaremos de los pe¬ 
queños, de los muy queridos 
«bebes» que constituyen 
nuestra alegría y para quie¬ 
nes tenemos coqueterías ex¬ 
quisitas. 

Muchas personas dema¬ 
siado serias y muy maduras 
encuentran muy ridícu¬ 
lo el modo de vestirlos y 
sin embargo, ellas mismas 
llevan con entusiasmo, ves¬ 
tidos de muselina blanca , 
muy bufidos, guarnecidos 
con cintas largas y con lo 
cual vestían á los niños, 
¿Para que quejarse luego? 

una cosa de- 


millonario, y ha dejado su hacienda para m; hermano 
y para mí. Era muy avaro y en vida nunca se acordó 
de nosotros, pero la ley nos reconoce como únicos 
herederos. Mi hermano y yó hemos vivido en la ma¬ 
yor miseria, y mas que amigos tenemos compañeros 
de hambre; ahora, con el olor de la herencia, vendrán 
todos á halagarnos y pedirnos protección. 

—Ciertamente. 

— Y yo no quiero negársela, pero ante todo deseo 
cerciorarme de los que son dignos de ella. 

—Y ¿como? 

— El medio es sencillo, si usted me ayuda, 

—Veamos. 

—Me finjo preso y escribo una carta i cada uno 
de mis amigos, contándoles el caso; los que vengan 
i visitarme ? esos son los que efectivamente me 
aprecian. 

—¿Usted no ha dicho á nadie lo de la herencia? 

—A nadie todavía, y el notario y mi hermano me 
han prometida silencio absoluto. 

Después de estas y otras razones morales unas y 
monetarias otras, convenció D. Fernando al Director, 
y quedó instalado en una de las habitaciones de éste, 
porque la cárcel es de cobre para el cobre, de plata 
para la plata y de oro para el oro, tanto para el visi¬ 
tante como para el morador en ella. 

Escribió las cartas con mucho afán, y de cada una 
que ponía el sobre, decía: Esta no me da desengaño; 
el amigo Fulano es buen amigo; aunque solo sea por 
contarme sus penas y por la curiosidad de saber las 
mias, vendrás que barajemos nuestras desdichas,» 

Pasó el primer día, y en su trascurso á nadie vio 
el preso, á no ser al mozo de la fonda que le servia 
la comida, y í la perrita Linda que de un lado á otro 
saltaba haciendo fiestas á su amo. 

—De mañana no pasa; mañana vendrán Pepe, Ra¬ 
món, Antonio, Pascasio»... Este Pascasio me ofre¬ 
ció la mitad del premio grande una vez que jugó á la 
lotería; por desgracia no le tocó y no tuvo ocasión de 
cumplir su promesa. 

Las esperanzas del preso no se cumplían; ya hacia 
dos semanas que estaba en casa del Director y no 
habían acudido los amigos al llamamiento de las car¬ 
tas. 

-—«¡Esto es horrible! ¡Ah! Si esos miserables supie¬ 
ran que soy rico, cuan pronto harían de su amistad 
una ganzúa para abrir mis bolsillos; pero me despre¬ 
cian porque aún me creen pobre... Mejor que mejor; 
viviré solo; seré un misántropo; emplearé el dinero 
en mi propia persona., y lo que siento es que tú, pobre 
Linda } no tengas exigencias ni grandes necesidades 
para satisfacértelas todas. Comprendo a| emperador 
que se casó con un caballo; yo me casaría con esta 
perra cuadrúpeda por huir de alguna perra bípeda. 

En esto apareció un criado, y dijo á D. Fernando 
que un caballero preguntaba por él. 

—Que pase al momento, exclamó—¡Ahí Este es 
mi único amigo. ¡Siempre hay algún alma generosa! 


y La moda es 

masiado fútil para preocuparse de esos gemidos. Es 
necesario que ella cambie; sin eso no tiene razón de 
ser. 

Nada más bonito que lo que ella manda, ama y gus¬ 
ta y seria en vano el resistirse. 

Hoy, no hay nada mas bonito que los chiquillos con 
vestiarios largos. 

Hace algunos años, el gran tono era vestir los ni¬ 
ños y las niñas hasta la rodilla. Hoy, o! gran «chic» 
consiste en vestirlos casi hasta debajo de Jos pies. 

Existen chiquillos de $ años á lo mas, con el panta¬ 
lón de hombre resueltamente remangado en tiempo 
de lluvia; sobretodo de paño como Sos cocheros in¬ 
gleses, un poco mas arriba de la rodilla, cuello dere¬ 
cho can plastrón. Sombrero «¿melón», nada falta pa¬ 
ra hacernos morir de risa. 

En cuanto á 
3ás chiquillas, 
basta que ca- 

bujo represen- 


— No.., no creas que yo tengo prisa—anadio Se¬ 
bastian, temiendo haber cometido alguna torpeza, 

—De manera que usted sabia?.,, 

—Yo,., 

—De suerte que usted venia á cobrar?,., 

—Cuando tú quieras.., Ahora no,., 

—Ahora si, dijo Fernando bruscamente, ¡Tome 
usted, señor acreedor, y dejó tres monedas de oro 
sobre la mesa. 

—No*»,,sí yo no deseaba..,, 

^Ese dinero es de usted; recójalo y haga el favor 
de retirarse. 

—Pero.... Fernando..., 

—Recoja usted ese dinero y déjeme usted solo. 
Si no lo hace así, seré yo quien se retire. 

Sebastian cogió las monedas de oro, y guardándo¬ 
selas, dijo por lo bajo .—Está loco.—Y salió del hotel 
cuando llegaba el mozo con los primeros platos. 

—A ese caballero se le vá á enfriar la tortilla si no 
vuelve pronto, dijo el mozo.^ 

—No vuelve, respondió Fernando. 

—Entonces, sobra un cubierto. 

—No sobra, ese cubierto es.... 

—Ya, para algún amigo, 

—Precisamente, para mi único amigo, 

E! mozo se fuá, 

Linda y Fernando almorzaron solos. 

! í Mil i R. Torróme 


usía mas 


Gústame ver en el tranquilo Adriático 
la misteriosa góndola sorena; 
deslizarse tranquila al son simpático 
de la trova, que el alma de amor llena. 


© Biblioteca Nacional de España 



CAR AS Y CARETAS 


251 


ta un «¡Camaib muy sencillo y muy fácil de llevar, 
sobre todo para vestidos de teatro ó de recibos pues 
así se conservan mas y mejor. 

Se hace con paño piel de suecía* se guarnece con 
astracan negro, cuello con pasamanería negra y plata. 

Cuerpo de «camaiU amplio hambreado por una 
costura de espalda y por Otra que pase á su alrede¬ 
dor; tiradores de astracan aprisionando el «camaíl»; 
cuello Módicis bordado con astracan. 

Gorra drapeada con terciopelo «turguoise», con 

E orlas finas montadas sobre una peineta de carey ru¬ 
lo, plantado en el recogido del cabello, y bridas de 
terciopelo «turquohe». 

Madame Fgusson 


Curioseando 

(nocturno) 

(Escena que pude ver 
por el patio ae mi casa, 
y que muchas veces pasa 
entre marido y mujer - .) 

—¿Dudas de mí? 

—¿Dudar? no; 
estoy cierta de que miras 
á Magdalena y suspiras 
cuando me distraigo yo; 
y si has llegado a creer 
qur me voy á resignar.... 

. \ te engañas, 

i , —Pero, Pilar, 


m 


\nunca te has de convencer 
de que tan solo tú eres!*.,, 

—Ha tiempo estoy convencida 
de que te pasas la vida 
entre el juego y las mujeres. 

Tú derrochas un caudal 
en diversiones sin cuento, 
y yo..*,¡sola en mi aposento 
con !a aguja y el dedal! 

Tú me engañas á diario 
con esos falsos negocios, 
y yo entretengo mis ocios 
con las cuentas del rosario. 
Nunca nos vérnoslos dos 
ni de noche ni de dia, 
por esto....;no importaría! 
pero en aquella,... fpor Dios! 
—Mira, Pilar, me impaciento 
con tus ridiculas quejas; 
di me: ¿por que me motejas 
sin causa ni fundamento? 

¿Que á tu lado no me vés? 

Pues si no estoy á tu lado 
es porque esto)! ocupado 
con asuntos de interés. 

¿Que derrocho en diversiones 
un caudal? ¡Eso no es cierto! 
por que yo no me divierto 
del modo que tú supones. 

Y, vamos, voy á probarte 
que no soy asi tan malo; 
aquí tienes el regato 
que ayer prometí comprarte. 
Míralo y podras juzgar 
si Tu marido te adora, 
jbahl ¿te convences ahora 
de que no hablo por hablar? 
Pero cesa, por favor, 
de suspirar de tal modo* 
y que se termine todo, 

[conque fuera el mal humor! 

¿Sigues asi todavía? 
jJesús, que niña te pones! 
déjate de reflexiones 
y ven aquí, esposa mía, 

¿No me respondes? Pues bien, 
dame un abrazo y un beso, 
y si no basta con eso,,.. 

;yo Lo le daré también! 

(El esposo la besó, 
después..,, la volvió á besar 
sin poderse figurar 
que [es observaba yó!) 
y pregutará el que lea: 

¿que pasó después allí? 
jEso.... lector,,., no lo vi! 

* j¡ej demonio que lo vea E ! 


íiM. 


MENUDENCIA! 






Jffi# / m con algunas vai 

W : W*|l impuestas por e 

I ,;v’f¿j--: \ 1| — el aue osten 

f . 1 \ carátula de nue 


P t En el baile del Club 

Uruguay llamó la aten- 
fe f cion P or original de su 

\íí : Uy% traje,además de llamarla, 

■ JÍ v como siempre, por su re- 
¿Í/Cji ■ f- saltante hermosura, la 
y Sq. niña Chichi Castellanos, 

jɧpf ¡i nombre con que famílíar- 

~ W men ! e se adultera el 

mgn §F : y Reproducía e\ traje,— 
"í Jr r cotl a lg unas variaciones 
g|g|| |# f : - ¿nH'i impuestas por el recato, 

■H v / Js ll —el que ostenta en la 

■-' ir. :^ rr• \ carátula de nuestro se- 

• manarlo la figura de mu- 

jer, alegórica del título 
Caras y Caretas. 

No falló quien dijera que á poderse trasportar la 
alegoría viviente al lugar que ocupa la dibujada por 
Schtitz, el número de suscritores k Caras y Caretas 
seria igual al de habitantes que tiene la República. 

Felicitamos á la señorita Castellanos por su feliz 
idea y la agradecemos que nos haya tomado por 
rtn y pues con ello nos na hecho ínsconsci ente mente 
nrta redame como no creimos llegar á obtener de una 
tan distinguida propagandista. 


—¿Me conoces, Salustíana? 

— Ho } che, no caigo en la cuenta. 
—Porque no te da la gana. 

¡Fui tu amante el año ochental 
—¿El año ochenta? ¡Quizás! 

¿Y no te acuerdas del mes? 

—En Mayo. 

—Explícate más 
porque en Mayo tuve tres. 


«En un estanque próximo á Santa Rosa ha apare¬ 
cido el cadáver de un vecino de dicho pueblo. 

Se creo que esta desgracia se produjo al ir de trán¬ 
sito por aquel paraje la víctima, á quien se había vis* 
to en las primeras horas de la noche en completo 
estado de ebriedad.> 

Un borracho ahogado en agua! 

No se explica que pueda claudicar un hombre de esa 
manera * 

Indudablemente debió creer que el estanque esta¬ 
ba lleno de Anís ¡le CarabancheL 


Por comer coliflor en cierto guiso 
se le ha muerto la suegra k don Narciso, 
y por comer repollo en ensalada 
se le ha muerto también una cuñada* 
Para que el mal no tengas tan a mano, 
come solo jamón, que es lo mas sano. 


«La comparsa carnavalesca Candomberos al io¡?e > fué 
reducida á prisión por trabarse en pelea con la poli¬ 
cía, en la vía pública*» 

La reclusión de ia comparsa no alteró su titulo mas 
que en unas letras. 

De Candomberos al tope se transformaron en Can¬ 
domberos k LA TIPA* 

Son dos palabras que suenan casi lo mismo, por 
mas que no represénten la misma altura. 


Picó á Enrique una mosca en la cabeza, 
y por probar la fuerza de su brazo 
cometió la torpeza 
de quererla matar de un martillazo. 
Aquella broma le costó una herida 
de que tendrá señal toda su vida. 

Desde entonces Enrique 
si una mosca le pone en un aprieto, 
prescinde de! martillo por completo 
y deja que le pique. 


A La Epoca y á La Union Chica, un efusivo abrazo 
por el espacio que dedicaron en su número del lunes 
á Caras y Caretas, aunque sepamos que solo la simpatía 
que sienten por nuestra publicación, sea lo que haya 
podido Inspirarles conceptos tan encomiásticos. 


Tiene Tito un falderito 
muy bonito, 
y la Rita una gatíia 
muy bonita 

y Juan Sada una cuñada 
desgraciada. 

Pero os juro que k mí me importa un pito 
de los bichos de Sada, Rita y Tito. 


¿Qué como hemos encontrado el carnaval de este 
año, preguntan ustedes? 

Pues muy fiambre. 


Salió á la calle 
don Homobono 
con ropa nueva 
dándose tono, 
y nadie sabe 
donde se ha ido. 
Sus hijos dicen 
que no ha volvido. 


Un individuo apellidado Tenorio ha sido reducido á 
prisión, como autor del robo de un breack efectuada 
el domingo anterior. 

Parodiando á su homónimo del drama de Zorrilla 


puede decir ese raspa: 

¿No es verdad, 


¿No es verdad, breack seductor, 
que en las manos que ahora quedas 
se mueven mejor tus ruedas 
y se camina mejor? 


Ayer Pico Pita, el primo de Rita, 
nos dio de merienda guisado de pato; 
comióse una pata y dijo Torcuato: 

—[Me peta ía pata del pato de Pita! 


«Con motivo de ía renuncia de un empleado,'va á 
ser removido todo el personal de Correos.» 

No puedo hablar de osla repartición sin dedicar un 
recuerdo á los ejemplares extintos* 

¡Séales leve el forro del bolsillo postal! 


Zafra con fuego y azufre 
con su cifra á un cafre marca. 
Por eso dijo Petrarca: 

Zafra cifra y cafre sufre. 


«La Compañía Nacional tiene embargadas todas Jas 
vías.» 

De ahí proviene el cólico llamado miserere. 


: Q ” ' ■ 1 


Polilla— Colonia—Ese tubo que Yd. enjareta, er- ja. 
primer redondilla, resulta con be larga un verbo <¡e 
lampistería. Métale una mee na empapaba en Ktr>s se¬ 
ne, póngale encima una pantalla y vera qué a paralo de 
de alumbrado mas hermoso se puede hacer con una 
simple barbaridad gramatical 

Carpíntero catata n—Rocha—Si Tn ao ej a Y d. el os¬ 
eo pío como la lira, será cosa de ver los muebles que 
vd. baga. Por de pronto todos loe que exijan pies Igua¬ 
les como las mesas, las sillas etc., resultarán rengos-, 
como los versos. 

p. K. Do- San Eugenio—No se Llame p-K-do & secas; 
llámese p-k du-mo-r-tal. 

Sabihondo— Montevideo—No se ha hecho la miel 
para la boca del as—no algo escribiendo la palabra. 

Güero— Montevideo—EL domingo de carnaval vi uno 
muy bien enjaezado iberia vdí Los versos, por lo Ore¬ 
nos, no parecen de persona 

Tartbiu— Montevideo—Num he viatú ¿a.más un ra- 
paeinu tan bruta para facer versas* 

C. S*— Montevideo— Se publicará. 

Campanillas^ Montevideo— Muv largo. Si se pu¬ 
dieran poner anos ríeles sobre el artículo ya seria otra 
cosa, porque entonces todo se redada á leerlo s bre un 
tren á vapor. ¡Treüita y ocho cuartillas en letra me¬ 
tida! Parece mentira que la vida de! hombre alcance 
para escribir tanto.»,,y tan malo. 

R * O.—Montevideo—No ha sacado V. partido dd 
asunto. Loque ha hecho V. ee partirle por el eje. ¡Y 
cuidado que el tema se prestaba! Esprhna la modera, 
hombro, que puedo que tenga algún chiatecülo arrin¬ 
conado. 

Pescado r —Moa tevl d eo. 

Aunque me arme netd una gresca 
y aunque no le agrade á uató, 
me atrevo á decirle qaé 
no sabe lo (fue se pesca. 


© Biblioteca Nacional de España 





5 posos por $u$crlofau 


I}esde la princesa altiva 
á la que pesca en ruin barca 
todo, este libro, lo abarca. ' 
¿Habrá quien no se suscriba 
por el precio que se marca! 


Mercsdos (r. g.)¡ 

Centro para Buacricion | 
de diarios,—librería |j 

taller de encuadernación, 

¡y además papelería. 

LiCasl un Larousse en acción 


Oficina: 18 de Julio 148 


END02AÍAR1BA 


25 de Mayo y Treinta y Tras 

Mas de mil personas hay 
que están en el Uruguay 
viviendo como magnates, 
con las rifas y remates 
de Mendosa Garibay* 


Caí le Rincón IZt 1 


SARANDf 347 


LRUGLA1 0O 


CABALA 05 


Hace calzado á medida, 
á unos precios mu y baratos 
y es la casa preferida, 
por ser la mejor surtida 
en botines y zapatos. 


Su martillo ha demostrado 
que, de todos los que hay, 
es el mas afortunado, 

Í >ues con él ha rematado 
a mitad del Uruguay. 


Para nacer un buen regalo 
véte & Síenra sin dudar, 
porque Sienra, en su Bazar 
nunca tuvo nada malo. 


Sí te dice nn bebedor 
que en la casa de Orejuela 
no existe el vino mejor, 
le puedes decir, lector, 
que se lo cuente ásu abuela 


Zabala 154 

Llevd el martillo á Maeso, 
en campaña provechosa 
y no les digo otra cosa, 
porque es bastante con eso 


Peluquería 


18 de jo lio num. 5 


Nadie & pelar le aventaja, 
y afeitando es tan artista, 
que al íllo de su navaja 
no hay pelo que so resista. 


QUÉ VERANO! 


Va UftfCJffc 


Rem atanor 

zabala núm, 130 y 130 
De su martillo ai influjo 


Emprasa de Encomiendas 


CEUttlTO 207 

La Empresa-que te presento 
te ruego, lector, que atiendas, 
porque hace las encomiendas 
con la rapidez del viento. 


todo el Uruguay entero 
tiene por poco dinero 
¿'asía amueblada con luí 




«Mi 


Cerro 93 é 101 


25 Efe Mayo 370 


De las casas mas completas 
5 en su género, esta es; 
la prueba, lector, la ves, 
en las Caras y Caretas , 


Pastelea y confitura 
y dulces 'de los mejores 
en esta casa, señores, 
es todo vida y dulzura 


Este calor nos derrite 
y claramente se explica 
que hasta Febo solicite 
helados de Costa-Rica, 


■.ti Jf 




18 lío Juno núm. 7 


Por mas que lo crean guasa 
ge tiene como muy cierto, 
que los vinca de esta casa 
hacen revivir & un muerto. 


Treinta y Tres 2 íb 


El que ríje La Industrial 
ea, como saben, señores, 
el Capitán General, 
de nuestros rematadores. 


tfMWlA 

HiWtf 


Asunción ( Aguada ) 


Dentistas Norte-americanos 


Me comprometo á probar 
que mejor que esta cerveza 
no la ha tomado Su Alteza, 
el Príncipe de Blsniar. 


camaras íes 


Gracias á los especiales 
estudios de Prince é Hill, 
pueden comer mas de mil 
con sus dientes naturales 


© Biblioteca Nacional de España 


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